martes, 30 de junio de 2009

La Familia Real


Una familia real es la familia extendida de un monarca reinante. Generalmente, la cabeza de una familia real es un Rey o una Reina reinante. El término "familia imperial" describe de manera más apropiada a la familia extendida de un Emperador o Emperatriz reinante, mientras que los términos "familia ducal", "familia gran ducal" o "familia principesca" para los familiares de un duque, gran duque o príncipe reinante, respectivamente. También se considera apropiado en algunos círculos referirse a los familiares de un monarca depuesto y a sus descendientes como familia real.


Miembros de la Familia Real

Una familia real típica incluye a la esposa del monarca reinante, esposas sobrevivientes de un monarca fallecido, los hijos, nietos, hermanos, hermanas y primos del monarca reinante, así como sus esposas. En algunos casos, la membresía a la familia real puede extenderse a los bisnietos y a descendientes más lejanos de un monarca. En algunas monarquías donde la abdicación voluntaria es la norma, tales como los Países Bajos, una familia real puede también incluir a uno o más antiguos monarcas. Usualmente se hace la distinción entre personas de sangre real y aquellos que se casan dentro de la familia real.


En algunos casos, tales como en Canadá, la familia real se define por quién tiene los títulos Majestad y Su Alteza Real. Bajo la mayoría de los sistemas, solo las personas en la primera categoría son dinastas, es decir, son sucesores potenciales al trono (a menos de que algún miembro de la segunda categoría también se encuentre en la línea de sucesión al trono por derecho propio, una ocurrencia frecuente en familias reales que frecuentemente se casan entre sus miembros). Esto no siempre se cumple; algunas monarquías han operado por el principio de jure uxoris.



Aunado a esto, algunos parientes del monarca (por sangre o matrimonio) poseen privilegios especiales y son sujetos de ciertos estatutos, convenciones o ley común especial. Las funciones precisas de la familia real varían dependiendo si la política en cuestión es una monarquía absoluta, una monarquía constitucional, o algo entre ambas.


En ciertas monarquías absolutas, tales como la de Arabia Saudita o Kuwait, o en sistemas políticos donde el monarca ejerce, de hecho, el poder ejecutivo, tales como en Jordania, es muy común que los miembros de una familia real realicen ciertas funciones públicas, sociales o ceremoniales, pero se abstengan de cualquier involucramiento en las políticas electorales o el gobierno verdadero del país.




La composición específica de las familias reales varía de país a país, así como los títulos y tratamientos protocolarios de la monarquía que sean practicados. La composición de la familia real puede estar regulada por estatuto promulgado por la legislatura (España, los Países Bajos y Japón desde 1947), la prerrogativa del soberano y la tradición de la ley común (el Reino Unido) o ley privada de la casa (Liechtenstein, las antiguas casas gobernantes de Baviera o Prusia). Los estatutos públicos, las provisiones constitucionales o las convenciones también pueden regular los matrimonios, nombres y títulos personales de los miembros de la familia real, los cuales pueden o no tener apellidos o nombres dinásticos.


En una monarquía constitucional, cuando el monarca muere, siempre hay un orden de sucesión muy específico que indica el orden exacto al trono de los miembros de la familia.


Los matrimonios reales


La práctica de miembros de familias reales contrayendo matrimonios dentro de otras familias reales era mucho más común en el pasado por razones de estado y con el propósito de mantener la pureza de la sangre. Históricamente, los matrimonios reales sellaban alianzas o pactos y eran instrumentados en las relaciones diplomáticas de muchos países. Pasadas las generaciones, los matrimonios entre miembros de la realeza llegaron a un punto donde la mayoría de ellos se habían emparentado con todos los demás.


El matrimonio entre realeza se practicaba principalmente como una vía de asegurar que todos los miembros de una familia real descendían de la realeza en oposición a los plebeyos. Esta distinción de clase daba lugar a que muchas leyes estipularan que un integrante de la realeza podría casarse para tener un matrimonio de igual condición; matrimonios fuera de este procedimiento eran considerados morganáticos. Esto ocurría usualmente en monarquías con pequeñas cortes como forma de interrelacionarse, fundamentalmente en Europa y la India bajo el Raj británico.


Si un miembro de familia real casaba con alguien de status no apropiado, perdía derechos de sucesión, títulos y otros privilegios reales. Frecuentemente sus hijos y cónyuge recibían un título menor, aunque estas ramas muchas veces se consideraban aptas para el matrimonio con otras familias. Esto ocurrió cuando el Príncipe Alexander de Hesse y del Rhin casó con la Condesa Julia von Hauke. La esposa y los hijos de esta unión morganática recibieron el tratamiento de Alteza Serenísima y el título de Príncipes de Battenberg. Esta familia ingresó por matrimonio en las familias reales de Suecia y España y sus descendientes en las familias reales de Gran Bretaña, Grecia, Dinamarca y otros países. De manera similar, la familia Teck, de donde era originaria la reina María del Reino Unido, era una rama morganática de la casa real de Württemberg.


Pasado el tiempo, debido al relativamente pequeño círculo de potenciales consortes, la fuente genética de muchas familias reales fue empequeñeciendo progresivamente, hasta que toda la realeza europea estuvo emparentada, usualmente a través de sus consortes. Esto también llevó a que muchas familias descendieran de una misma persona a través de varias líneas de descendencia, como ocurrió con la reina Victoria del Reino Unido (apodada “La Abuela de Europa”) o el rey Christian IX de Dinamarca (“El Suegro de Europa”).



A principios del siglo XX, los nietos de la reina Victoria y del rey Christian IX prevalecían en la mayoría de las casas reales europeas. El trono británico era ocupado por Edward VII, casado con la Princesa Alexandra de Dinamarca, hija de Christian IX. El emperador William II de Alemania era hijo de Frederick III Hohenzollern y de Victoria, Princesa Real, hija mayor de la reina Victoria. Otra hija de Victoria, la Princesa Alicia, casó con el Gran Duque Luis IV de Hesse y del Rhin, cuya hija, la Princesa
Alix, se convirtió en Zarina de Rusia al casarse con Nicolás II. El propio zar era hijo de Alexander III y de la Princesa Dagmar de Dinamarca, otra hija de Christian IX.




La Casa de Habsburgo ha sido famosa por sus bodas entre parientes, con el labio Habsburgo citado como un efecto hereditario. Los miembros de esta dinastía frecuentemente se casaban entre la familia y las casas cercanamente emparentadas de Borbón y de Wittelsbach: uniones entre tío-sobrina y primos en primer y segundo grado ocurrían frecuentemente.



Las Familias reales británica y española


Actualmente, un ejemplo muy conocido de interrelaciones reales es el de Elizabeth II del Reino Unido y Juan Carlos I de España. El Príncipe Philip, Duque de Edimburgo, Príncipe Consorte del Reino Unido, es hijo del Príncipe Andrés de Grecia y Dinamarca y de la Princesa Alicia de Battenberg, cuya madre, la princesa Victoria de Hesse, y su abuelo paterno, Alexander de Hesse y del Rhin, eran miembros de la misma familia. El hermano de la princesa Alicia, Príncipe Henry de Battenberg, casó con la Princesa Beatriz, hija de la reina Victoria (tatarabuela de la reina Elizabeth II). La hija de ambos, Victoria Eugenia de Battenberg, casó con Alfonso XIII de España, y su nieto Juan Carlos, el rey actual, casó con la Princesa Sofía de Grecia y Dinamarca, cuyo padre era primo del Príncipe Philip. Alternativamente, el tatarabuelo de Elizabeth II, Christian IX de Dinamarca, era también bisabuelo del príncipe Philip. Ambos se hallaban también emparentados a través de la Princesa Sophia, Electora de Hannover.

El Monarca

A lo largo de la historia, el Monarca (Rey o Reina) es el tradicional dispensador de títulos de nobleza. Cuando crea un título, responde a razones de diversa índole, desde el agradecimiento por servicios prestados al país (como el caso de Wellington luego de la batalla de Trafalgar, hecho duque) hasta el premio por brindar al rey una amistad íntima (como los reyes de la Casa de Francia, que tradicionalmente elevaban a la nobleza a la maitresse-en-titre de turno).
En las monarquías el monarca es el jefe de estado. Comúnmente con inicios algo inciertos, esta forma de gobierno basada en una presunta intervención divina, es mayoritariamente hereditaria y presuntamente perpetua, excepto en casos excepcionales como Francia. Puede recibir distintos títulos, como rey, emperador, gran duque, caudillo o cacique. En castellano, además, hay términos específicos para los monarcas de algunos estados, derivados de los idiomas locales, como zar (de Rusia), faraón (de Egipto), khan (para varios estados de lo que hoy es China y Mongolia), etc. Los monarcas de los estados gobernados por la ley islámica eran llamados sultanes.

Los términos príncipe y princesa se destinan en algunos estados a los hijos, descendientes o herederos del monarca, pero en otros el propio monarca ostenta el título de príncipe. En algunos países europeos, asiáticos y africanos un "rey" es el jefe de estado de una nación-estado pero en otros países africanos el rey puede que lo sea de una tribu y esta por tanto no se corresponde con un estado. El sistema de gobierno encabezado por un monarca se llama monarquía.

Antiguamente, y aún en algunas naciones monárquicas actuales, suelen atribuirse al monarca poderes divinos, por lo cual es considerado el elegido o enviado de Dios para gobernar. En la Europa occidental, los reyes han habitado siempre en grandes y lujosas construcciones -principalmente palacios y castillos-, mayormente construidas por el pueblo, el cual prestaba sus servicios al rey y aportaba parte de su salario por el hecho de permitirles vivir en "sus tierras", lo cual se sigue practicando hoy en día. Actualmente en muchos estados contemporáneos, existe lo que se llama Monarquía Parlamentaria, donde el rey se somete a una constitución y actúa como jefe de Estado, a cambio de una percepción de dinero público anual procedente de impuestos

Sucesión

El sistema de sucesión al trono no es igual en todas las monarquías. Tradicionalmente, lo más común es que el sucesor de un rey sea su hijo primogénito varón; en caso de que no los tuviera, le sucedería su hija mayor o algún familiar de sexo masculino, dependiendo de si la monarquía permite a las mujeres reinar, e incluso que la sucesión pase por una rama femenina del linaje.

Algunas monarquías han abolido esta preferencia por los hombres, y es el hijo primogénito del monarca, varón o mujer, quien sucede al rey.

También han existido algunos monarcas elegidos, como los Papas y dictadores que se han declarado líderes de una monarquía autoproclamada.

Monarcas actuales
Los monarcas actuales son (ordenados según antigüedad en el trono):
  1. Rey Bhumibol Adulyadej de Tailandia (1946)
  2. Reina Isabel II del Reino Unido e Irlanda del Norte (1952)
  3. Sultán Muda Hassanal Bolkiak de Brunéi (1967)
  4. Sultán Qaboos ibn Sa'id Al 'Bu Sa'id de Omán (1970)
  5. Reina Margarita II de Dinamarca (1972)
  6. Rey Carlos XVI Gustavo de Suecia (1973)
  7. Rey Juan Carlos I de España (1975)
  8. Reina Beatriz de los Países Bajos (1980)
  9. Rey Mswati III de Suazilandia (1986)
  10. Emperador Akihito de Japón (1989)
  11. Príncipe Hans-Adam II de Liechtenstein (1989) * Príncipe Alois, Regente de Liechtenstein (2004)
  12. Rey Harald V de Noruega (1991)
  13. Rey Alberto II de los Belgas (1991)
  14. Emir Hammad al-Thani de Qatar (1995)
  15. Rey Letsie III de Lesoto (1996)
  16. Rey Abdalá II de Jordania (1999)
  17. Rey Mohammed VI de Marruecos (1999)
  18. Gran Duque Enrique I de Luxemburgo (2000)
  19. Rey Hamad bin Isa al Khalifa de Bahréin (2002)
  20. Copríncipes de Andorra: Joan Enric Vives Sicília (2003) y Nicolas Sarkozy (2007)
  21. Rey Norodom Sihamoni de Camboya (2004)
  22. Presidente Khalifa bin Zayed Al Nahayan de los Emiratos Árabes Unidos. Emir de Abu Dhabi (2004)
  23. Príncipe Alberto II de Mónaco (2005)
  24. Papa Benedicto XVI. Monarca del Estado de la Ciudad del Vaticano (2005)
  25. Rey Abdullah de Arabia Saudí (2005)
  26. Emir Sabah Al-Ahmad Al-Jaber Al-Sabah de Kuwait (2006)
  27. Rey Taufa'ahau Tupou V de Tonga (2006)
  28. Yang di-Pertuan Agong (Rey de Malasia) Mizan Zainal Abidin (2006). Sultán de Terengganu (1998)
  29. Rey Jigme Khesar Namgyal Wangchuck de Bután (2006)

El sucesor del último monarca de Samoa, Malietoa Tanumafili II, fallecido en 2007, ocupó la Jefatura del Estado manteniendo el título O le Ao O le Malo pero con un mandato limitado a 5 años dando lugar a que el país se convierta, de facto, en una República.

Monarcas que no ostentan la jefatura de un Estado

  • Rey Goodwill Zwelethini de los zulúes, (Sudáfrica) 1968
  • Emir Hamad ibn Muhammad ash-Sharqi de Katsina, (Nigeria) 1981
  • Rey Muwenda Mutebi II de Buganda, (Uganda) 1993
  • Rey Solomon Gafabusa Iguru de Bunyoro-Kitara, (Uganda) 1994
  • Rey Oyo Nyimba Kabamba Iguru Rukidi IV de Toro, (Uganda)
  • Laveluas (Monarcas) de Wallis y Futuna (Dependencia Francesa): Tomasi Kulimoetoke II, Soane Patita Maituku y Visesio Moeliku, 2004
  • Matthew Festing, Gran Maestre de la Soberana Orden de Malta 2008

lunes, 29 de junio de 2009

Escalas nobiliarias de las monarquías de Europa

Pirámide de los títulos de nobleza europeos de mayor a menor rango.
REINO UNIDO

Se añade un título suplementario, el de BARONET, intermedio entre el de barón y el de caballero, creado a inicios del siglo XVII (1611).
  • REY / KING
  • PRÍNCIPE REAL / PRINCE ROYAL
  • PRÍNCIPE DEL REINO UNIDO (sobrino del monarca) / PRINCE OF UNITED KINGDOM
  • DUQUE Y PAR / DUKE
  • MARQUÉS Y PAR / MARQUESS
  • CONDE Y PAR / EARL
  • VIZCONDE Y PAR / VISCOUNT
  • BARÓN Y PAR / BARON
  • BARÓN / BARON
  • BARONET / BARONET
  • CABALLERO / NOBLE / KNIGHT / ESQUIRE
  • REY DE ARMAS DE GRAN-BRETAÑA / KING OF ARMS



ALEMANIA

  • EMPERADOR DEL S.S.I.R.G. (Sacro Santo Imperio Romano Germánico) / EMPERADOR DE AUSTRIA / EMPERADOR DE ALEMANIA IIº REICH / KAISER
  • REY / KÖNIG
  • GRAN-DUQUE & PRÍNCIPE SOBERANO / GROSSHERZOG
  • ELECTOR DEL S.S.I.R.G. / KURFÜRST
  • PRÍNCIPE ELECTOR DEL S.S.I.R.G. / KURFÜRST
  • ARCHIDUQUE DE AUSTRIA / ERZHERZOG
  • PRÍNCIPE SOBERANO DEL S.S.I.R.G. / REICHSFÜRST
  • PRÍNCIPE NO SOBERANO / FÜRST
  • DUQUE o PRÍNCIPE DEL S.S.I.R.G. / LANDGRAF
  • MARQUÉS SOBERANO DEL S.S.I.R.G. / MARKGRAF
  • CONDE SOBERANO DEL S.S.I.R.G. / REICHSGRAF
  • CONDE ILUSTRÍSIMO DEL S.S.I.R.G. / ERLAUCHT
  • CONDE / GRAF
  • BARÓN / FREIHERR
  • CABALLERO o SEÑOR / HERR


    ESPAÑA

  • REY
  • PRÍNCIPE DE ASTURIAS
  • INFANTE Y GRANDE DE ESPAÑA
  • PRÍNCIPE Y GRANDE DE ESPAÑA
  • DUQUE Y GRANDE DE ESPAÑA
  • MARQUÉS Y GRANDE DE ESPAÑA
  • MARQUÉS
  • CONDE Y GRANDE DE ESPAÑA
  • CONDE
  • VIZCONDE
  • BARÓN
  • CABALLERO / SEÑOR
  • HIDALGO / ESCUDERO / CIUDADANO HONRADO

PAÍSES BAJOS

  • REY
  • PRÍNCIPE HEREDERO / PRÍNCIPE DE ORANGE
  • PRÍNCIPE
  • DUQUE
  • MARQUÉS
  • CONDE
  • VIZCONDE
  • BARÓN
  • CABALLERO
  • NOBLE


    SUECIA

En Suecia tan solo existen tres rangos de nobleza: conde, barón y simplemente noble. El título ducal solo es privilegio exclusivo de los príncipes de estirpe real, hijos del rey, dándose también el caso de que el príncipe heredero de Suecia acumulaba uno o dos ducados a la lista de sus títulos.

  • REY DE SUECIA / KUNGE
  • PRÍNCIPE HEREDERO DE SUECIA / KRONPRINZ
  • PRÍNCIPE REAL DE SUECIA / HERTOG / DUQUE
  • CONDE / GREVE
  • BARÓN / FRIHERR
  • NOBLE / JARL

BÉLGICA

  • REY DE LOS BELGAS / ROI DES BELGES
  • DUQUE DE BRABANTE / DUC DE BRABANT
  • PRINCIPE DEL S.S.I.R.G. / PRINCIPE / PRINCE
  • DUQUE / DUC
  • MARQUÉS / MARQUIS
  • CONDE / COMTE
  • VIZCONDE / VICOMTE
  • BARÓN BRABANTINO / BARON
  • CABALLERO / CHEVALIER
  • NOBLE

ITALIA

  • REY DE LOS LOMBARDOS
  • REY DE LOS ROMANOS
  • REY DE CERDEÑA / REY DE ITALIA
  • PRÍNCIPE HEREDERO DE ITALIA / PRÍNCIPE DE PIAMONTE
  • PRÍNCIPE DE SABOYA-AOSTA
  • PRÍNCIPE REAL DE ITALIA / PRÍNCIPE REAL DE CERDEÑA-PIAMONTE
  • REY DE NÁPOLES / REY DE SICILIA
  • GRAN-DUQUE DE TOSCANA
  • DUX DE GÉNOVA
  • DUX DE VENECIA
  • DUQUE / PRINCIPE
  • PRÍNCIPE / CONDE DEL S.S.I.R.G.
  • MARQUÉS
  • CONDE
  • VIZCONDE
  • BARÓN
  • CABALLERO / NOBLE

FRANCIA

Durante el Primer Imperio (1804-1815) no se contempla el título de marqués.

  • REY DE FRANCIA / ROI DE FRANCE
  • REY DE NAVARRA / ROI DE NAVARRE
  • REY DE LOS FRANCESES / ROI DES FRANÇAIS
  • DELFÍN DE FRANCIA / PRÍNCIPE HEREDERO / DAUPHIN
  • PRÍNCIPE REAL / INFANTE DE FRANCIA / FILS DE FRANCE
  • PRÍNCIPE DE LA SANGRE REAL / PRINCE DU SANG
  • DUQUE Y PAR DE FRANCIA / DUC & PAIR
  • DUQUE / PRÍNCIPE / DUC / PRINCE
  • CANCILLER DE FRANCIA / DUQUE NO HEREDITARIO / CHANCELIER
  • PRIMER PRESIDENTE DEL PARLAMENTO / PREMIER PRÉSIDENT
  • MARQUÉS Y PAR DE FRANCIA / MARQUIS & PAIR
  • MARQUÉS / MARQUIS
  • CONDE Y PAR DE FRANCIA / COMTE & PAIR
  • CONDE / COMTE
  • VIZCONDE Y PAR DE FRANCIA / VICOMTE & PAIR
  • VIZCONDE / VICOMTE
  • BARÓN Y PAR DE FRANCIA / BARON & PAIR
  • BARÓN / BARON
  • VIDAMO / VIDAME
  • CABALLERO / SEÑOR / CHEVALIER / SEIGNEUR
  • EMPERADOR DE LOS FRANCESES / EMPEREUR DES FRANÇAIS
  • REY DE ROMA / PRÍNCIPE HEREDERO / ROI DE ROME
  • PRÍNCIPE IMPERIAL / PRINCE IMPÉRIAL
  • PRÍNCIPE SOBERANO DEL IMPERIO / PRINCE SOUVERAIN D'EMPIRE
  • PRÍNCIPE DEL IMPERIO / PRINCE D'EMPIRE
  • DUQUE DEL IMPERIO / DUC D'EMPIRE
  • CONDE DEL IMPERIO / COMTE D'EMPIRE
  • BARÓN DEL IMPERIO / BARON D'EMPIRE
  • CABALLERO DEL IMPERIO / CHEVALIER D'EMPIRE

sábado, 27 de junio de 2009

Títulos Nobiliarios


Un título nobiliario es un privilegio legal concedido desde antiguo por los monarcas, que distingue a los miembros de determinada clase social.


Los privilegios otorgados a la nobleza son hoy casi exclusivamente protocolarios, pero durante la Edad Media constituyeron la base del sistema feudal, organizando la posesión de la tierra y las relaciones de vasallaje. Hoy sobreviven casi exclusivamente en los países de régimen monárquico como España, Reino Unido, Bélgica, Países Bajos, Suecia, así como en la Santa Sede y escasas repúblicas como San Marino, si bien estados como la República Federal Alemana reconocen su uso por parte de los miembros de sus antiguas casas soberanas. Los títulos nobiliarios tienen, en su mayor parte, carácter hereditario, la sucesión recae en el primogénito del anterior poseedor y su uso se extiende a los consortes legítimos. En la mayoría de los países que mantienen una legislación nobiliaria en vigor, como España o el Reino Unido, los títulos no pueden ser objeto de transacciones comerciales y su uso indebido o usurpación están penalizados por la Ley.

Abolición de la nobleza
En Francia fueron abolidos en varias ocasiones y restaurados posteriormente desde la Revolución Francesa hasta la III República en 1870. Actualmente, pese a no tener ningún privilegio, son legales algunos títulos y están regulados desde 1986 por el Ministerio de Justicia a través de la Oficina de Derecho Civil General (Bureau du droit civil général). En otras repúblicas como Rusia desde 1917, las resultantes del disuelto Imperio Austrohúngaro desde 1918, Alemania desde 1919, Italia desde 1947 o Grecia desde 1974 los títulos nobiliarios también quedaron abolidos y su uso no es reconocido por ninguna institución de dichos estados, estando en algunos casos legalmente prohibido su uso como en Austria.

En España los títulos nobiliarios fueron legalmente abolidos durante la II República, mediante la Constitución aprobada el 9 de diciembre de 1931. Esta abolición finalizó de facto en 1939 si bien no se hizo efectiva hasta la promulgación de nuevas leyes franquistas en 1947. Existe la costumbre por parte de algunos medios de comunicación de utilizar títulos nobiliarios abolidos para referirse a personajes de la prensa rosa (Carmen Cervera como "Baronesa Thyssen", Ernst de Hannover como "Príncipe de Hanóver"), pero todos los títulos nobiliarios que no son de España no tienen validez legal en el país y tampoco en los países de origen si fueron abolidos, como es el caso.

Títulos nobiliarios principales
(en español y por orden alfabético)

  • Archiduque
  • Barón
  • Boyardo
  • Caballero
  • Conde
  • Condestable
  • Duque
  • Grande de España
  • Gran Príncipe
  • Infante
  • Landgrave
  • Margrave
  • Marqués
  • Príncipe
  • Señor
  • Vizconde

El orden de importancia de los títulos nobiliarios es:

  • Príncipe
  • Duque
  • Marqués
  • Conde
  • Vizconde
  • Barón
  • Señor

jueves, 25 de junio de 2009

Rangos de la realeza y la nobleza

Soberano:

  1. Títulos usados en general:
    * EMPERADOR, gobierna un imperio
    * REY, gobierna un reino (los reyes soberanos tienen un rango superior a los reyes vasallos)

    * DUQUE, gobierna un ducado, como los jefes de estado del Imperio Alemán y el Sacro Imperio Romano Germánico
    * PRINCIPE, Fürst en alemán, gobierna un principado
    * SULTAN (título turco-arábigo), gobierna un sultanato
    * EMIR (título arábigo), gobierna un emirato


  2. Títulos específicos de uno o varios reinos:
    * PAPA (también “Supremo Pontífice de la Iglesia Católica Apostólica y Romana” y “Vicario de Cristo”), es también el soberano absoluto del estado de la Ciudad del Vaticano

    * ZAR (o Czar) en Serbia, Bulgaria, Rusia y Croacia deriva de Caesar, que significa Emperador; aunque en sus orígenes el título significó un reclamo a la dignidad imperial, más recientemente ha sido sólo equivalente a Rey, sobre todo en Rusia y Bulgaria
    * MAHARAJAH, en India y Nepal el prefijo "Maha" significa “el más alto”, y "Rajah" significa “Rey”, "el rey más alto”, esto es, emperador.
    * SHAHANSHAH, Shah de Shahs, esto es, emperador.
    * KHAKHAN, Khan de Khans, esto es, emperador
    * CALIFA, gobierna un califato y es un título islámico que indica el sucesor de Mohammed, quien es a la vez un líder religioso y secular.
    * RAJAH, en India y Nepal es un título usado para el jefe de un reino

    * SHAH, en Irán (antigua Persia) significa “Rey”, aunque se usa habitualmente para referir al Shahanshah (Emperador)
    * KHAN (mongol o turco) gobierna un khanato (principalmente en Asia pero también existió en el territorio mongol y turco de Rusia, Ucrania y Crimea)
    * ARCHIDUQUE, antes de 1806 era el título para el jefe del archiducado de Austria
    * GRAN DUQUE, gobierna un gran ducado
    * GRAN PRINCIPE, usado en los principados de Rusia medieval como título del más alt
    o rango
    * ALTO REY (High King), usado en las culturas gaélicas y helénicas para designar quien gobernaba varios reyes menores

Nobleza y realeza:

  • Archiduque, era generalmente un rango soberano usado por los gobernantes de Austria; también era usado por los Habsburgo del Sacro Imperio Romano para los miembros de la familia imperial.

  • Duque, gobierna un ducado y también se usa para miembros menores de las familias ducales y gran ducales. Los duques que no son soberanos, como los británicos, franceses y españoles, o que no son hijos de soberanos, como duques titulares en muchos otros países, deben ser considerados como nobles por encima de los marqueses.

  • Príncipe (Prinz en alemán), miembros jóvenes de una familia real, ducal o principesca (el título de Fürst se usa para cabezas de familias principescas y muchas veces para todos los miembros).
    * El Príncipe de Gales era el sucesor a la Corona inglesa, y posteriormente a la británica.
    * El Príncipe de Asturias era el sucesor a la Corona castellana, y posteriormente a la española. * En Francia y otros países era un título de la alta nobleza. * En el Sacro Imperio, y en las posteriores Confederación Germánica e Imperio Germánico, era una categoría de noble que gobernaba un territorio con funciones análogas a las de monarca, y que anteriormente a 1356 tenían el derecho de elegir al Emperador. * Algunos monarcas, especialmente los de estados pequeños, toman el título de príncipes.

  • Infante, título para los hijos de los soberanos en las familias reales de España y Portugal

  • Elector, Kurfürst en alemán, rango para quienes votaron por el Sacro Emperador Romano, usualmente soberano de un estado (ejemplo, el Margrave de Brandenburgo, un elector, es llamado “Elector de Brandenburgo”)

  • Marqués o Margrave, el jefe de un marquesado o de un margraviato, respectivamente.

  • Landgrave, el jefe de un landgraviato

  • Conde, teóricamente el jefe de un condado

  • Vizconde, teóricamente el jefe de un vizcondado

  • Freiherr, titular de una baronía independiente, en lo que constituye el más alto nivel de barones

  • Barón, teóricamente el jefe de una baronía, en algunos países pueden ser barones libres (liber baro) y como tales se consideran a sí mismos como barones de alto rango
En cuanto a los títulos de duque y príncipe: en Alemania, un duque soberano supera a un príncipe soberano, pero un príncipe real menor supera a un duque menor de una familia ducal o gran ducal. En la nobleza alemana ser creado duque era un honor más alto que ser creado príncipe. Los descendientes de un duque eran muchas veces tratados como duques o como príncipes; en cambio, la descendencia de un príncipe era tratada como tales.


Aristocracia:

  • Baronet es un título hereditario inglés ubicado en la pirámide nobiliaria debajo del Barón pero encima del Caballero.

  • Nobile es un título italiano de nobleza equivalente a Baronet.

  • Dominus era el título latino de señor feudal y también un título eclesiástico y académico (equivalente a Lord en las Islas Británicas)

  • Vidame, en Francia, un aristócrata menor

  • Fidalgo (portugués) e Hidalgo (español), un aristócrata menor en España y Portugal; proviene de filho d’algo, “hijo de alguien (importante)”

  • Seigneur es un Caballero terrateniente que gobierna una pequeña comarca local

  • Caballero es el rango básico del sistema aristocrático español (equivale al Knight inglés)

  • Jonkheer es un título para las familias prestigiosas de Holanda que nunca recibieron un título y en su lugar fue inventado uno nuevo. Aunque estos títulos no tienen derecho a un territorio, ciudad, provincia o en los Países Bajos, son, básicamente, la reivindicación del buen nombre de la familia. Una mujer que tiene este título se denomina Jonkvrouw, aunque la esposa de un Jonkheer es una Mevrouw o, a veces, Freule, que también podría ser utilizado por las hijas de la misma.

  • Esquire es un rango de la pequeña nobleza británica originalmente derivado de Squire e indica el status de un asistente o aprendiz de Caballero; figura debajo del Knight pero encima del Gentleman.

En Alemania, el rango actual de los titulares de nobleza depende no sólo del título en sí, sino del grado de soberanía y el señorío del titular. Pero así como el linaje de una dinastía principesca juega un rol (Uradel, Briefadel, altfürstliche, neufürstliche), cualquier jefe soberano podría tener más alto rango que cualquier soberano anterior, anexado (por ejemplo, el Príncipe –Fürst- de Waldeck, soberano hasta 1918, era de mayor rango que el Duque de Arenberg, anexado).


Miembros de una antigua casa soberana son de mayor rango que una de nobleza regular. Entre éstas últimas, aquellos cuyos títulos derivan del Sacro Imperio Romano tienen mayor rango que aquellos cuyos títulos fueron otorgados por alguno de los príncipes alemanes de años posteriores a 1806, sin importar el tipo de título.

La Constitución de la República de Weimar abolió en 1919 la nobleza como clase y todos sus títulos, que hoy forman parte del nombre familiar y no tienen más derecho a las tradicionales formas de tratamiento, como Hoheit (Alteza) o Durchlaucht (Serenísima). El último título fue conferido en 12 de noviembre de 1918 a Kurt von Klefeld. En Austria, los títulos de nobleza no pueden ser usados desde 1918. En Suiza son prohibidos y no reconocidos como parte del nombre familiar.

miércoles, 24 de junio de 2009

El absolutismo vs la nobleza


La monarquía absoluta y su poder centralizador

A fines de la Edad Media los consejeros de los monarcas se empeñaron en desarrollar el absolutismo real y combatir el feudalismo, apoyándose para ello en el antiguo Derecho Romano. A partir de entonces y hasta la revolución de 1789, el poder real fue absorbiendo cada vez más las antiguas autonomías y volviéndose cada vez más centralizador.

La monarquía absoluta fue reuniendo en las manos del Rey –el cual, a su vez, se identificaba cada vez más con el Estado- la plenitud de poderes otrora repartidos entre los cuerpos intermedios, nobles o no. Al contrario del soberano feudal, el monarca absoluto tiene en torno a sí una nobleza que le acompaña noche y día y que el sirve principalmente de elemento ornamental, sin ningún poder efectivo. Así eran los reyes franceses de la Edad Moderna, los cuales tuvieron en Luis XIV, el Rey Sol, su modelo más completo.

Sin embargo, esta absorción de la nobleza mediante el fortalecimiento del poder real no afectó de la misma manera a la nobleza de otros países ni a las de diversas regiones de un mismo país. En Francia, la nobleza de la Vendée, región que más tarde habría de convertirse en foco de resistencia contra la Revolución, fue una de las que resistió contra la influencia demoledora del absolutismo.

Cada vez más desprovistos de vínculos vitales con todos los cuerpos intermedios que constituían la nación, esos monarcas ya no contaban con sus apoyos naturales e incapaces de sustentarse en ellos para mantenerse en pie, debieron recurrir a redes de burocracia cada vez mayores. Esto resultó cada vez más pesado y, cuanto más pesado, más gravoso a aquellos mismos que estaban obligados a cargar con él.

En Francia, los grandes feudos fueron siendo reabsorbidos por la Corona, principalmente a través de alianzas matrimoniales. El último procedimiento en este sentido, llevado a cabo por medio de negociaciones diplomáticas que tuvieron aspecto de acuerdo de familia, tuvo por objeto el Ducado de Lorena. En 1738 fue convenido entre Francia y Austria que Lorena pasaría a título vitalicio a Stanislao Leszcynski, rey destronado de Polonia y padre de María Leszcynska, esposa de Luis XV. Cuando el suegro del rey francés falleciera, dicho ducado se incorporaría automáticamente al reino de Francia, lo que efectivamente sucedió.

La monarquía burocrática, sin nada de paternal, fue el Estado de Bonaparte, militar, financiero y administrativo. Después de su segunda y definitiva abdicación, el déspota corso permaneció aislado en su fracaso y ni siquiera la perspectiva próxima de su caída suscitó una revolución en su favor inspirada en el amor filial de súbditos leales con su monarca. A la manera de las que levantó la lealtad monárquica en la Vendée o en la Península Ibérica o en Austria por aquellas dinastías reales en las que aún estaban en vigor rasgos del paternalismo de antaño, radicalmente diferentes al despotismo duro de Napoleón.


El Sacro Imperio Romano Germánico, electivo desde su origen, pasó a ser de hecho hereditario en 1438, con Alberto II, de la Casa de Austria. A partir de entonces ocupó siempre el trono imperial el Jefe de esta misma Casa. Aparente excepción fue la elección de Francisco de Lorena en 1745, esposo de la heredera de dicha dinastía, la Archiduquesa María Teresa de Habsburgo, quien fue designado a petición de ella, calificándolo así con el más alto título nobiliario de la Cristiandad y convirtiendo en más proporcionado ese matrimonio desigual. Aquí se constituyó la Casa de Habsburgo-Lorena, continuadora legítima de los Habsburgo al frente del Sacro Imperio. Por presión de Napoleón se disuelve el Sacro Imperio en 1806 y se reducen drásticamente el número de unidades soberanas.

La posterior Confederación Germánica, con el emperador de Austria como presidente hereditario, se sostiene de 1815 a 1866. Ese año, bajo hegemonía prusiana, se forma la Confederación de Alemania del Norte, de la cual fueron excluidos Austria y algunos estados alemanes del Sur. Tras la derrota de Napoleón III en 1870 se convirtió en el Reich alemán, mucho más centralizado, donde se reconocían como soberanos veinticinco estados.

El absolutismo en la Península Ibérica

En España y Portugal, los respectivos monarcas tendieron a consolidar continuamente el poder de la Corona sobre los varios cuerpos del Estado, especialmente sobre la alta nobleza, aunque con múltiples fricciones entre ambos. En Portugal episodios dramáticos dejaron huella tanto en el reinado de Juan II -con aplicación de la pena capital al duque de Braganza y otros grandes nobles, así como la muerte del duque de Viseu, hermano de la reina-, como en el reinado de José I -con la ejecución pública del duque de Aveiro y destacadas figuras de la aristocracia, sobre todo de la ilustre Casa de los Távoras-.

En España esta tendencia centralizadora ya se podía notar en diversos monarcas de la Casa de Trastámara y fue creciendo a lo largo de los sucesivos reinados hasta llegar a su auge en el siglo XVIII, con la Casa de Borbón. Durante el reinado de los Reyes Católicos se produjo una disminución del poder de la nobleza con la destrucción de castillos, la limitación de los privilegios nobiliarios, la incorporación a la Corona del señorío de las plazas marítimas y de los maestrazgos de las principales órdenes militares.

Para el siglo XVIII, la llamada nobleza histórica se mostraba cada vez más afecta a gravitar en torno al soberano, de modo semejante a lo que ocurría en Francia, donde el Rey Sol y sus sucesores se hallaban cercados en la inigualable magnificencia de Versailles. La vida de corte, donde la nobleza ejercía sus funciones, le exigía un fastuoso tren de vida para el cual frecuentemente no bastaban las rentas producidas por sus tierras patrimoniales. En consecuencia, los reyes remuneraban esos cargos. Cuando esto no era suficiente, se producían devastadores endeudamientos que debían romperse por medio de uniones matrimoniales con la alta burguesía o por subsidios concedidos por los monarcas a título de favor.

Tras las invasiones napoleónicas, los regímenes monárquicos de la Península Ibérica se fueron liberalizando cada vez más y perdiendo mucha de su influencia. Los títulos de nobleza acabaron por incluir en esta clase –o por preferencia personal del rey o por servicios prestados en los más variados campos- a numerosas personas que no habían nacido en ella. Tal vez ningún monarca haya llevado tan lejos la propensión a hacer de la nobleza una clase tan abierta como Carlos III de España entre 1759 y 1788.

En España la proclamación de la República en 1873 y en 1931 y las restauraciones monárquicas que siguieron dieron lugar a supresiones y reintegraciones de los títulos de nobleza, con evidente trauma para el cuerpo nobiliario. En Portugal, tras la proclamación de la República en 1910, los títulos, distinciones honoríficas y derechos de la nobleza fueron abolidos, aunque, durante el régimen republicano, aquellas personas a quienes les había sido concedido un título y hubiesen pagado los respectivos derechos de merced del mismo fueron legalmente autorizadas a usarlo, con la condición de precederlo con su nombre civil.

Ya en el siglo XIX se esboza el Estado burgués superpotente que en la primera mitad del siglo XX provoca la caída paulatina de los regímenes monárquicos, abriendo el camino para el Estado proletario.

La nobleza menor

Al lado de la nobleza por excelencia –guerrera, señorial y rural- se fue constituyendo una clase nobiliaria menor, aunque también auténtica. En España, la investidura de determinados cargos civiles, militares y culturales e incluso el ejercicio de ciertas formas de comercio particularmente útiles para el Estado confería ipso facto la nobleza a título personal y vitalicio, o bien a título también hereditario.

Felipe IV, por Real Cédula de 20 de agosto de 1637, dice que el Oficial que sirva en guerra viva por un año, goce de la Nobleza de Privilegio y aquel que lo hiciere durante cuatro, pase dicha nobleza a sus herederos. La Nobleza Personal está reconocida a todos los oficiales del Ejército por orden de 1799 y en 1864 se ordena que el dictado de Don y de Noble se dé a los hijos de oficiales de mayor graduación, nietos de Teniente Coronel y a los Hidalgos notorios que sirvan en el Ejército.

En Portugal, la condición de intelectual abría las puertas para la categoría de noble. Todo aquel que se licenciaba en la célebre Universidad de Coimbra obtenía un título personal y vitalicio, pero no hereditario. Sin embargo, si tres generaciones directas se diplomaban en Coimbra en Teología, Filosofía, Derecho, Medicina o Matemáticas, pasaban a ser nobles por vía hereditaria todos sus descendientes aunque éstos no cursasen estudios allí.

En Francia, además de la nobleza togada –noblesse de robe-, que se reclutaba entre la magistratura, estaba la nobleza de campana -noblesse de cloche-, habitualmente formada por burgueses que se habían destacado al servicio del bien común en las pequeñas ciudades. La adquisición de nobleza podía darse por el ejercicio de cargos militares, altos cargos de la Corte como secretarios y notarios del Rey, cargos de finanzas, puestos universitarios, etc.

Los ennoblecimientos de este tipo suscitaban la búsqueda de autenticidad. La condición de noble no consiste únicamente en el uso de un título conferido por Decreto Real, sino también y especialmente en la posesión del perfil característico de la clase. Es comprensible que ciertos nuevos ricos ascendidos a nuevos nobles tuviesen dificultad en adquirirlo pues, como se sabe, depende de una larga tradición familiar que, a veces, se encuentra en élites burguesas tradicionales menos ricas.

El nuevo noble, lejos de embestir contra ese ambiente del cual era heterogéneo, hizo todo lo posible para adaptarse a él y, sobre todo, proporcionar a los más jóvenes una educación genuinamente aristocrática. Esto hizo que la nobleza antigua absorbiera más fácilmente los elementos nuevos por lo que, en una o más generaciones, desaparecieron las diferencias entre los nobles tradicionales y los nuevos nobles. Esto se dio por el propio efecto del paulatino transcurrir del tiempo y el matrimonio de jóvenes nobles, titulares de nombres históricos, con hijas o nietas de nuevos nobles, cuya riqueza servía a muchos de ellos como medio para evitar la decadencia económica y de conferir nuevo brillo a su respectivo blasón. Este proceso se ha dado desde la Edad Media hasta la actualidad.

El perfil de la nobleza

En la Edad Media y en el Antiguo Régimen la condición nobiliaria no constituía una profesión. Sin embargo, marcaba a fondo a quien gozaba de ella, al igual que a toda su familia. El Título se incorporaba al apellido y a veces lo sustituía; el blasón pasaba a ser el emblema de la familia y la tierra sobre la cual el noble ejercía su poder adquiría en la mayoría de los casos su propio nombre. Cuando sucedía lo contrario era el noble quien incorporaba a su título, a través de la partícula de, el nombre de su territorio.

El noble medieval debía ser un héroe dispuesto a todo en favor del rey y de su pueblo, así como el brazo armado en defensa de la Fe y de la Cristiandad durante la guerra. Pero, al mismo tiempo, debía dar un excelente ejemplo a subordinados y pares tanto en la virtud como en la cultura, en el trato social, en el buen gusto, en la vida cotidiana.

Las buenas maneras y la etiqueta se modelaban según patrones que exigían al noble una continua represión de sus impulsos. La vida social era, bajo algunos aspectos, un sacrificio continuo que se iba haciendo más exigente a medida que la civilización progresaba. En cuanto clase social, la misión de la nobleza era cultivar y difundir el impulso de todas las clases hacia lo alto. El noble estaba vuelto por excelencia hacia esa misión en la esfera temporal, como el clero en la espiritual.

Hoy, de todo lo que otrora la nobleza fue o tuvo, le ha quedado solamente esa excelencia multiforme junto con un conjunto residual de medios que le impide recaer en el desenfreno típico de los nouveau riches.

Privada de todo poder político en las repúblicas contemporáneas –y contando únicamente con vestigios de él en las monarquías-, teniendo una representación escasa en las finanzas, desempeñando en la diplomacia y el mecenazgo un papel casi siempre menos patente que el de la burguesía, la nobleza de hoy es mayormente un residuo aferrado a la tradición y a la grandeza de sus antepasados.

martes, 23 de junio de 2009

Génesis de la nobleza

Orígenes históricos de la nobleza feudal

Reducido a escombros el imperio carolingio, los bárbaros, normandos, húngaros y sarracenos se lanzaron sobre él en devastadoras incursiones. Los terratenientes, entonces, construyeron fortalezas para la protección de su familia y los suyos, la llamada sociedad heril, formada por la servidumbre y los trabajadores manuales que habitaban sus tierras. A veces cabían en su recinto hasta los bienes muebles y el ganado de cada una de las familias de campesinos, puestos así a salvo de la codicia de los invasores.

En época de guerra, el propietario rural y sus familiares eran los primeros combatientes. Su deber era mandar, estar a la vanguardia en la dirección de las ofensivas más arriesgadas o de las defensas más obstinadas. A la condición de propietario se sumó así la de jefe militar.

En los intervalos de paz todas esas circunstancias revertían en un poder político local sobre las tierras circundantes, lo que hacía del propietario un señor, un Dominus en el sentido pleno de la palabra, con funciones de legislador y juez que, en cuanto tales, le proporcionaban un trazo de unión con el rey.

Así pues, la clase noble se formó como una participación subordinada en el poder real.

Los nobles de categoría más elevada eran, en más de un caso, consejeros normales de los monarcas y nobles eran también, en su mayor parte, los ministros de Estado, los embajadores y los generales, cargos indispensables para el gobierno del reino. Había tal nexo entre las altas funciones públicas y la condición nobiliaria que, si era necesario que fueran elevados plebeyos a tal ejercicio, éstos acababan recibiendo títulos de nobleza por parte del rey.

El terrateniente, colocado por fuerza de las circunstancias en una misión más elevada que la mera producción agrícola, se encontraba así investido con los poderes de un gobierno local, siendo así una especie de soberano en miniatura. Esta misión fue ampliándose paulatinamente conforme la Europa cristiana fue conociendo períodos de paz más prolongados.

Ensanchando el campo de acción a regiones más amplias, ya fuere por necesidades militares, intercambio de intereses comerciales, afluencia de peregrinos a santuarios religiosos, asistencia de estudiantes a universidades de renombre o afinidades de diversa índole, desde luchas en común contra un adversario externo o semejanzas de lenguaje y costumbres, el señor de la comarca acrecentaba su poder territorial.

El bien común regional abarcaba, pues, los diversos bienes comunes más estrictamente locales y las riendas de mando iban a parar a las manos de ese señor más poderoso, más representativo del conjunto y más capaz de aglutinar sus diversas partes, reuniéndolas en un solo todo a efectos de guerra y de paz.

A ese señor regional le correspondía, por lo tanto, una situación y un conjunto de derechos intrínsecamente más nobles, pues pasaba mayor número de personas a deberle un vasallaje análogo, aunque no idéntico, al que él, a su vez, prestaba al rey. Así se iba formando, en la cumbre de la jerarquía social, una jerarquía nobiliaria.

Nada de esto existía al margen del monarca –símbolo supremo del pueblo y del reino-, todo estaba bajo su égida tutelar y su poder, con el fin de conservar a su favor ese gran todo orgánico que constituía una nación.

Ni en las épocas en que este despedazamiento de facto del poder real fue llevado más lejos jamás se replicó el principio monárquico unitario. Nunca cesó de existir en la Edad Media una nostalgia de la unidad real. Así, a medida que los reyes fueron recuperando los medios para ejercer un poder que representara el bien común de todo el reino, lo fueron ejerciendo.

Claro está que este proceso de organización y de rearticulación no se operó sin factores distorsionantes que llevaron a guerras feudales que se entrelazaban con conflictos entre naciones. A su pesar, fue así que se modelaron la sociedad y el Estado medievales.


lunes, 22 de junio de 2009

La Nobleza

La Nobleza es uno de los estamentos en los que se dividía la sociedad durante la Edad Media y el Antiguo Régimen. Su carácter preponderante fue prácticamente abolido en la esfera política, ante la ausencia de legitimidad de su dominio, frente a los argumentos ilustrados. En el ámbito social su influencia se mantuvo, aun después de las revoluciones burguesas y proletarias, no obstante las permanentes presiones por eliminar una distinción introducida entre seres humanos esencialmente iguales.


Tipos de nobleza




  • Nobleza Inmemorial, la cual se refiere aquellas grandes familias cuyos orígenes se remontan a la época de la caída del Imperio Romano. Estas familias son, por ejemplo, las ramas descendientes de los duques de Vasconia y de los duques de Septimania. Es decir, la casa de Béarn, de Bigorre, de Cominges, de Carcassonne, de Beziers, de Foix, de Toulouse, de Rouergue, de Turenne, de Limoges... Esta nobleza ni se otorga ni se puede acceder a ella. Es la nobleza real, ya que el resto de los tipos de nobleza se refiere a personas que adquirieron los títulos de nobleza por concesión de un Soberano.




  • Nobleza de privilegio que es la que concedía el monarca de cada nación o Estado como recompensa de servicios prestados al Estado o acciones gloriosas, pudiendo ser personal o transmisible.
    * Personal cuando se concede únicamente a un sujeto para que de ella goce mientras viva y desaparece con su fallecimiento -como en el caso del conde de Chambord en Francia o el duque de Windsor en Inglaterra-.
    * Transmisible cuando la tenencia es para la persona a quien se otorga y para sus descendientes de forma que pasa a todos los grados en línea recta de varón en varón. También se puede ennoblecer por “privilegio” a un apellido -ejemplo, los príncipes Colonna, los barones Rothschild, los Spencer de Athorp- y estos títulos no otorgan poder sobre territorio alguno, como en el caso del ducado de York en Gran Bretaña o el principado de Asturias en España, cuyos titulares lo son de los feudos correspondientes.



  • Nobleza de sangre, nobleza heredada de los mayores y es la que viene por linaje que se hereda de aquellos a quienes se concedió por privilegio.


Otro criterio es el que distingue:
* Alta nobleza, los grandes de España o pares de Francia y el resto de los títulos.
* Baja nobleza, que únicamente disfrutaba de su condición privilegiada, pero no tenía por qué tener rentas para sostener un modo de vida compatible con tal condición.



La condición de señor de un señorío o feudo, dependiendo del tamaño o riqueza de éste, normalmente daba los recursos necesarios para mantener una forma de vida compatible con la nobleza: es decir, el no trabajar. El grado de caballero, que normalmente coincidía con la pertenencia a una Orden Militar u Orden de Caballería, podía proporcionar rentas suficientes o no. Otras situaciones por las que un noble podía adquirir rentas que le permitieran acceder a la alta nobleza eran la posición en la Corte —nobleza cortesana—, o en la guerra, aunque la función militar de la nobleza, muy importante en la Edad Media, se perdió en la Edad Moderna con el ejército profesional o mercenario.




Características


Algunas de las características de esta clase social eran que no pagaban determinados impuestos, tenían grandes extensiones de tierras y gran cantidad de campesinos o siervos que trabajaban para ellos. Si un siervo lograba sobrevivir durante un año y un día lejos de su señor podía conseguir la libertad.


Los nobles poseían castillos y armas, disponían de tiempo libre para la caza, la pesca, o incluso para organizar torneos como las justas o combates con espadas en tiempos de paz. En el caso de estallar algún tipo de conflicto armado, estaban obligados a ponerse al servicio del rey para las guerras.


La distinción entre nobles y plebeyos se halla establecida desde la más remota antigüedad en casi todas las naciones civilizadas.


Etimología


Viene de la palabra latina nobilis, que se deriva del verbo noseo y del adjetivo notus, que significan respectivamente «conocer» y «conocido», distinguido por los hechos o virtudes entre los demás hombres.

En la actualidad se refiere a los descendientes de aquellos que han servido bien a la patria o sea el reconocimiento de los servicios de los antecesores en sus sucesores tuvo por objeto el estimular a estos para que siguiesen las huellas de sus mayores y se distinguiesen como ellos por sus talentos o por sus grandes servicios. Séneca consideraba la verdadera nobleza del hombre obedeciendo a la recta razón, tener un alma justa y adornada por la sabiduría y la virtud.

La Monarquía II





Según la teoría política se pueden entender varios tipos de regímenes monárquicos:



Monarquía absoluta


La monarquía absoluta es una forma de gobierno en la que es el monarca quien ejerce el poder sin restricciones en términos políticos, y en la mayor parte de los casos, también en los aspectos religiosos, o al menos con una gran componente espiritual. El lugar y el periodo histórico en que surge el modelo que se designa con ese nombre (Europa Occidental durante el Antiguo Régimen, particularmente la monarquía francesa de Luis XIV en torno a 1700) no impide que puedan considerarse rasgos muy similares en otros momentos y lugares, y con otros títulos de realeza (emperador en distintas entidades políticas, basileus en el Imperio Bizantino, zar en Imperio Ruso, etc.).




Rasgo distintivo de la monarquía absoluta es la no existencia de división de poderes: el Soberano es a la vez cabeza del gobierno, principal órgano legislativo (su voluntad es ley) y cúspide del poder judicial ante el cual se puede solicitar la revisión de los jueces inferiores. Como justificación ideológica, se entiende que la fuente de todo poder (Dios, según la teoría del derecho divino de los reyes) se lo transmite de forma completa. Sin embargo, en términos prácticos, no significaba realmente que un rey absoluto pudiera ejercer un poder absoluto entendido como ejercicio total del poder en toda circunstancia y sin intermediación.



Monarquía constitucional y monarquía parlamentaria


Históricamente, las limitaciones al poder de los monarcas surgen en Europa a partir de la crisis del Antiguo Régimen, que en algunos casos condujo a la supresión de la monarquía y la constitución de repúblicas (caso de Francia durante la Revolución Francesa entre 1791 y 1804 o de Inglaterra durante la Revolución Inglesa entre 1649 y 1660) mientras que en otros el rey acepta ceder parte de su poder y compartirlo con representantes elegidos.


Si la cesión es por la mera voluntad del rey, no se considera una verdadera constitución, sino una carta otorgada (caso de Francia en la Restauración entre 1814 y 1830). Las verdaderas monarquías constitucionales son aquellas en que se define el principio de soberanía nacional, aunque se la haga residir no el del pueblo (soberanía popular) sino, por ejemplo en las Cortes con el Rey (constitución española de 1845 y de 1876). El rey retiene así gran parte del poder, determinando un reparto de funciones en las que, principalmente, controla el poder ejecutivo.



En la monarquía parlamentaria, el gobierno es responsable ante el Parlamento, que es inequívocamente el depositario de la soberanía nacional. Aunque el rey mantenga algunas competencias (más bien formales), como la capacidad de designar un candidato a la presidencia del gobierno, que no obstante no alcanzará el nombramiento hasta no obtener la confianza del parlamento.



El rey sigue siendo el jefe de estado, inviolable e irresponsable en el ejercicio de su cargo, y ostenta la más alta representación de la nación en las relaciones internacionales, aunque sus poderes son prácticamente simbólicos. Suele resumirse en la expresión el rey reina, pero no gobierna (expresión debida a Adolphe Thiers) Cualquiera de sus actos oficiales ha de ser respaldado por el gobierno, sin cuyo consentimiento no puede efectuarlos.



El ejemplo clásico de monarquía parlamentaria es el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte (desde la Revolución Gloriosa de 1688), que además no posee una constitución codificada sino un corpus de leyes y prácticas políticas que conforman su constitución. Se han dado algunos casos que comprometen las funciones de un rey en una monarquía parlamentaria, como fue la objeción de conciencia de Balduino I de Bélgica (que suspendió temporalmente sus funciones para no firmar la ley del aborto en 1990), o la intervención de Juan Carlos I para impedir que la mayoría del ejército se sumase al Golpe de Estado en España de 1981 (en un momento en que tanto el Gobierno como el Congreso de los Diputados estaban secuestrados). La Constitución Española de 1978 (que define el sistema político como monarquía parlamentaria) reserva al rey la jefatura suprema de las Fuerzas Armadas de España. En algunos textos se habla de la existencia de un poder arbitral que sería el que ejercería el rey.



Monarquías híbridas


A lo largo de la historia han existido sistemas de gobierno a medio camino entre la monarquía absoluta y la constitucional, en donde el monarca se ve obligado a ceder parte de su poder a un gobierno en ocasiones democrático, pero sigue manteniendo una importante influencia política. La evolución ha sido muy diferente según los países, y depende del derecho comparado. Sin embargo, los monarcas de países árabes tales como Marruecos siguen ostentando casi todo el poder en sus manos.



Además de eso, existen monarquías de otros momentos históricos como la de los regímenes feudales, en las cuales el monarca es un señor feudal más. Su poder se limita a su feudo y a las relaciones de vasallaje existentes con nobles inferiores. En estos casos la monarquía se asemeja a una aristocracia, por la disolución del poder entre la nobleza.



Situación actual de las monarquías


Suele insistirse en la idea de que el mantenimiento de la monarquía en la actualidad obedece a su papel como símbolo de la unidad nacional frente a la división territorial y su poder arbitral frente a los distintos partidos políticos. Cuando es el caso que el régimen político es democrático, reconociéndose la soberanía popular, el monarca pasa a ser la figura en la que se encarna el cargo de Jefe del Estado de forma vitalicia y hereditaria, con lo que su papel es fundamentalmente simbólico y representativo.

Esta definición es la que se suele identificar con las monarquías europeas, entre las que están las monarquías parlamentarias del Reino Unido, España, Noruega, Suecia, Dinamarca, los Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo. También existen tres microestados con monarquía (Liechtenstein, Mónaco y Andorra) y una monarquía electiva teocrática (Ciudad del Vaticano).
Entre los países árabes las monarquías tienen distintos grados de apertura a la representación popular, mayor en Marruecos o Jordania y muy restringida en Arabia Saudita o los emiratos del Golfo Pérsico (Kuwait, Bahrein, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Omán), Malasia (con monarquía rotatoria entre los diferentes sultanes) y Brunei; excepto los dos primeros, todos ellos países que pueden calificarse de “petroestados” y muchas veces tildados de plutocracias. Bután es la única monarquía del Subcontinente Indio, tras la reciente abolición de la monarquía en Nepal (2008); Japón (equiparable a las monarquías europeas), Thailandia y Camboya son las restantes monarquías de Extremo Oriente. En algunos pequeños estados africanos (Lesoto y Suazilandia, enclavados en la República Sudafricana) siguen manteniéndose monarquías tradicionales.

Un papel especial en las relaciones internacionales es el que cumple la monarquía británica, que mantiene un vínculo personal con la Commonwealth (Comunidad Británica de Naciones), de varios de cuyos estados miembros continúa siendo el jefe de estado titular a pesar de que sean estados independientes. No es comparable el papel del rey de España en la Comunidad Iberoamericana de Naciones y las periódicas reuniones denominadas Cumbre Iberoamericana, pues en rango protocolario es equivalente a los demás jefes de estado.

Un rasgo de las monarquías europeas (a veces considerado como una actualización o búsqueda de legitimación popular) ha sido la incorporación de plebeyos a las familias reales, y la continuada presencia en los medios de comunicación de masas, incluyendo los escándalos propios de la prensa especializada, con Grace Kelly (desde su boda en 1956) como pionera hasta Diana, Princesa de Gales (desde su boda en 1981 hasta su muerte en 1997). Otro ha sido la reconsideración del papel de la mujer en la monarquía, para equipararla con el varón en la sucesión, reforma que han iniciado las monarquías nórdicas. En España se ha llegado a consultar al Consejo de Estado la conveniencia de alterar la línea de sucesión al trono regulada por la Constitución de 1978.

domingo, 21 de junio de 2009

La Monarquía I








Monarquía (del griego μονος, "uno", y αρχειν "gobierno": "gobierno de uno"), es una forma de gobierno de un estado (aunque en muchas ocasiones es definida como forma de Estado en contraposición a la República) en la que la jefatura del estado o cargo supremo es:

  • personal, y estrictamente unipersonal (en algunos casos históricos se han dado diarquías, triunviratos tetrarquías, y en muchas ocasiones se establecen regencias formales en caso de minoría o incapacidad o valimientos informales por propia voluntad),

  • vitalicia (en algunos casos históricos existieron magistraturas temporales con funciones similares, como la dictadura romana, y en muchos casos se produce la abdicación voluntaria o el derrocamiento o destronamiento forzoso, que puede o no ir acompañado del regicidio)


  • y designada según un orden hereditario (monarquía hereditaria), aunque en algunos casos se elige, bien por cooptación del propio monarca, bien por un grupo selecto (monarquía electiva).

Este cargo (monarca) se denomina rey (o reina) en términos generales, aunque este nombre puede variar según la tradición local, la religión o la estructura jurídica o territorial del gobierno (basileus, rex -rei, rey, roi, re, rege-, kuningaz -cyning, king, könig, kung, konge-, malik, califa, sultán, emir, tennō, wang, huangdi, tianzi, mencey, cacique, tlatoani, inca, gran khan, gran mogol, sah, negus, emperador -o emperatriz-, zar, kaiser, etc.). Otros títulos nobiliarios, pueden a veces, según la circunstancia histórica, llevar consigo la consideración de soberanía y equipararse a la realeza (Gran Duque, Archiduque, Príncipe, etc.). Los tratamientos protocolarios de la monarquía suelen incluir distintas variantes del término Majestad, y en algunas ocasiones el de Alteza, aunque este último suele aplicarse a los miembros menores de la familia real.



El estado regido por un monarca también recibe el nombre de monarquía, o reino.

El poder del rey puede identificarse o no con la soberanía; ser absoluto o estar muy limitado (como es usual en la mayoría de los casos de las monarquías actuales, sometidas a regulación constitucional).


La Monarquía en la Civilización Occidental


La Antigüedad clásica, posteriormente a los reyes míticos (Minos, Agamenón, Príamo) que podían corresponder al wánax micénico (o anax homérico), desarrolló la figura del basileus griego. Los rituales orientales, como la proskinesis o inclinación ante el rey, eran extraños tanto al espíritu democrático como al aristocrático de las poleis griegas, donde sólo la ley era rey (nomos basileus) pero fueron adoptados.



La concepción de la ciudad como espacio público, y de la política como la ciencia del gobierno, sujeta a escrutinio y debate público (el ágora), aunque fuera el basileus quien la ejerciera, sí que se mantuvo. La clave era la consideración del ciudadano como hombre libre, mantenido por la reducción de gran parte de la población a la esclavitud.


Por su parte, el rex romano, profundamente desprestigiado por la República, fue siempre tenido como referencia -a evitar- por el emperador romano, de estirpe republicana durante el principado de Augusto, y ya con menos complejos con el dominado de Diocleciano y con la conversión al cristianismo.


En la Península Ibérica, el denominado reino de Tartessos conservó nombres de reyes respaldados por fuentes griegas, unos míticos (Gárgoris y Habis) y otros más verosímiles (Argantonio), aunque el primer nombre identificable con un rico y poderoso personaje situado en las tierras del occidente mediterráneo sería el gigante Gerión, vinculado a los trabajos de Hércules.


En la edad media europea, la descomposición del Imperio Romano llevó el establecimiento de las monarquías germánicas, fundamentadas en la necesidad de un dirigente militar con autoridad en la época de las invasiones. La civilización urbana clásica se vio sometida a un fuerte proceso de ruralización y descentralización y el modo de producción esclavista se sustituyó por el modo de producción feudal.

La posterior descomposición del Imperio Carolingio propició en buena parte de Europa Occidental distintas formas de monarquía feudal, mientras que en otras zonas surgían repúblicas en ciudades libres o estados eclesiásticos.


En Europa Central una serie de dinastías germánicas recreaban sucesivas versiones del Imperio, al tiempo que en Europa Oriental pervivía el Imperio Bizantino, ambos oscilantes entre la teocracia y el cesaropapismo; mientras que el asentamiento de los pueblos eslavos concluyó en la formación de otros reinos.


La civilización islámica comenzó con un poder político y religioso concentrado en el califato que se disgregó espacialmente, originando una pluralidad de estados que buscaron su legitimación en distintas formas de monarquías, con estructuras más o menos tribales, nacionales o imperiales, ligadas o no a una teórica vinculación familiar con el profeta Mahoma, y complicadas por las violentas intrigas del harén y los numerosos candidatos que la poligamia proporcionaba.

Las monarquías cristianas europeas eran dinásticas: el hijo mayor o el descendiente varón más próximo heredaban el trono, aunque la dinámica expansiva y agresiva del feudalismo las hacía enormemente cambiantes por las continuas guerras de conquista.
Obtenían su capacidad militar de los soldados y armas de los señores feudales, con lo que dependían de la lealtad de la nobleza para mantener su poder; y su legitimidad del clero (particularmente la orden de Cluny) encabezado por el Papa. Éste no desaprovechó las ocasiones que se presentaron para propiciar el establecimiento de monarquías independientes eximiéndolas del vasallaje debido al Sacro Imperio Romano Germánico o al reino del que se desgajaran (caso de varios reinos peninsulares, como el reino de Portugal frente al reino de León).


La “patrimonialización” de la monarquía permitía la división del territorio en caso de herencias y su fusión en caso de enlaces matrimoniales (sometidos a especiales codificaciones -Ley Sálica- y escándalos en caso de disolución o matrimonio morganático), con toda la complejidad institucional y territorial que de ello resultaba, así como los conflictos sucesorios que podían suscitarse con cualquier excusa.


Otro resultado trascendente fue el alejamiento de las casas reales de los pueblos sobre los que reinaban: tales extremos alimentaban la idea de la diferencia sustancial entre los reyes y el resto de los mortales y el prestigio de su sangre azul, junto con la exhibición ritual (unción real, establecimiento del protocolo de la corte, uso del plural mayestático, administración arbitraria de la gracia y justicia real, espectáculos multitudinarios como los besamanos, etc.).



En los últimos siglos de la Baja Edad Media, con el declive del feudalismo y la aparición de los Estados nacionales en torno a las monarquías autoritarias, el poder territorial se fue centralizando en la figura del Soberano, que no reconocía poderes superiores como habían sido los poderes universales medievales (Papa y Emperador).



En principio estos gobernantes eran apoyados por la naciente burguesía, que se beneficiaba de la existencia de un gobierno central fuerte que mantuviese el orden y una situación estable para el desarrollo del comercio en el naciente capitalismo; lo que no es contradictorio con que al mismo tiempo garantizaran el predominio social de nobleza y clero, los estamentos privilegiados del Antiguo Régimen.


Entre los siglos XVI y XVII, las monarquías aumentaron sus pretensiones de concentración de poder para convertirse en monarquía absoluta: aumentando la centralización, suprimiendo intermediarios entre monarca y súbditos e intentando el ejercicio de un poder sin limitaciones teóricas, con mayores o menores posibilidades de lograrlo. Modelo histórico de ello fue la monarquía borbónica de Luis XIV de Francia, mientras que la monarquía católica de los Habsburgo españoles quedó como modelo de monarquía autoritaria, con pretensiones más limitadas.


Tanto los abusos de poder como la inadecuación de esas pretensiones a la dinámica económica y social, llevaron a revueltas anti-fiscales, particularismos regionales o bien la insatisfacción creciente de la burguesía. Todo ello contribuyó a la caída de las monarquías absolutas de Europa Occidental tras sucesivos ciclos de revoluciones burguesas o liberales: la Revolución inglesa de 1640-1688 (con un intermedio de Restauración), la Revolución francesa y las guerras de la independencia americana desde fines del XVIII hasta principios del XIX y los ciclos revolucionarios de 1820, 1830 y 1848.

Estos procesos revolucionarios marcaron hitos en la limitación del poder de los reyes, que procuraba revestir al absolutismo de una justificación ideológica que superaba el derecho divino de los reyes mediante lo que se denominó despotismo ilustrado, vinculado a la ilustrada idea de progreso. En cambio, esa misma forma en Europa Oriental coincidía con el momento de mayor concentración del poder en los reyes, simultáneo a un proceso económico y social de refeudalización, que llevó a la autocracia zarista en Rusia y a la expansión del Imperio Austrohúngaro.
La idea moderna de una monarquía limitada constitucionalmente se consolidó con lentitud en la mayor parte de Europa, al tiempo que aparecían las primeras repúblicas europeas modernas. Durante el siglo XIX el poder de los parlamentos crecía al mismo ritmo que disminuía el poder de los monarcas, que se acomodaban a un papel de espejo de virtudes sociales mitad aristocráticas, mitad mesocráticas o burguesas, como el que ejemplificaba la Reina Victoria, incluyendo la doble moral que ha pasado a ser sinónimo de época victoriana. Hubo incluso tronos que se pusieron a subasta y recayeron en el candidato que demostró mayor sensibilidad liberal, como el español durante la revolución de 1868 (en Amadeo de Saboya).

Otros se escindieron pacíficamente, a iniciativa de sus propios súbditos: el reino de Noruega y el reino de Suecia en 1905. Alguna, como la belga, escindida revolucionariamente en 1830 de la holandesa, se definió como monarquía popular. El caso de disolución más clara fue el de la monarquía francesa, cuyos partidarios, enfrentados y escindidos en orleanistas y legitimistas, fueron incapaces de aprovechar su victoria electoral tras la caída del imperialismo bonapartista (1871), lo que consolidó la III República.




Entre tanto, la expansión imperialista de las potencias europeas por África, Asia y el Pacífico, fue haciendo desaparecer (o reduciendo a un papel inoperante) las monarquías tradicionales de esos pueblos. Seculares monarquías europeas, como el Imperio Ruso, el II Imperio Alemán y el Imperio Austrohúngaro, dejaron de existir después de la I Guerra Mundial, cuando el Tratado de Versalles y la Revolución soviética cambiaron la faz de Europa. El fin de la Segunda Guerra Mundial y la caída de los fascismos, con los que se había vinculado la monarquía italiana y -de grado o por fuerza- las balcánicas (Albania, Yugoslavia, Hungría, Rumania y Bulgaria), supuso una nueva y masiva desaparición de tronos.





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